On 3 June 2026, President Laura Fernández Delgado defended the appointment of Boris Marchegiani Carrero as Costa Rica’s new Permanent Representative to the United Nations. In that context, she stated that she sought to change the way the country represented at the UN and declared: “I no longer want the 2030 Agenda sneaking in through the back door in Costa Rica.”
According to the news report, the president stated that she no longer wishes to see Costa Rica participate in forums related to rights, diversity, and other issues that, in her view, have already been resolved within the country. Instead, she indicated that she intends to focus Costa Rica’s presence at the United Nations on security, combating drug trafficking, energy, competitiveness, business development, and tourism promotion.
This shift could particularly affect civil society organisations, collectives, and movements working to defend the rights of LGBTQI+ communities, women, youth, indigenous peoples, migrants, people with disabilities, and other historically excluded groups. These agendas often rely on international frameworks, such as the 2030 Agenda, to demand inclusive public policies, accountability, participation and compliance with state commitments regarding equality and non-discrimination.
El 3 de junio de 2026, la presidenta Laura Fernández Delgado defendió el nombramiento de Boris Marchegiani Carrero como nuevo representante permanente de Costa Rica ante las Naciones Unidas. En ese contexto, afirmó que buscaba dar un giro a la representación del país ante la ONU y expresó: “Ya no quiero más Agenda 2030 colándose por la puerta de la cocina en Costa Rica”.
Según la nota periodística, la mandataria señaló que no desea ver más a Costa Rica en foros relacionados con derechos, diversidades y otros temas que, a su criterio, ya se encuentran resueltos en el país. En su lugar, indicó que pretende orientar la presencia de Costa Rica en Naciones Unidas hacia seguridad, combate al narcotráfico, energía, competitividad, generación de negocios y promoción del turismo.
Este giro podría afectar especialmente a organizaciones de sociedad civil, colectivos y movimientos que trabajan en la defensa de derechos de personas LGBTIQ+, mujeres, juventudes, pueblos indígenas, personas migrantes, personas con discapacidad y otros grupos históricamente excluidos. Estas agendas suelen apoyarse en marcos internacionales, como la Agenda 2030, para exigir políticas públicas inclusivas, rendición de cuentas, participación y cumplimiento de compromisos estatales en materia de igualdad y no discriminación.