The Third Chamber of the Court of Appeals overturned the arrest warrants issued against 23 people linked to the case known as “Acuerdos Fraudulentos”, including former prosecutors from the Public Ministry, former Attorney General Thelma Aldana, and former head of the International Commission against Impunity in Guatemala (CICIG), Iván Velásquez. The ruling determined that those warrants exceeded the Chamber’s legal authority, in line with a criterion previously set by the Supreme Court of Justice.
The decision represents progress in terms of due process and legal oversight by correcting an action issued without the proper institutional authority. However, it does not bring an end to the criminal proceedings against the individuals concerned, several of whom are part of a group of former justice officials and actors linked to anti-corruption efforts who have faced judicial actions in recent years. In this context, civil society organizations and international bodies have expressed concern about the misuse of the justice system for political purposes against human rights defenders, former justice officials, and other critical actors, considering these cases part of a broader context of criminalization.
These concerns are also reflected in the criminal proceedings against peasant leader Leocadio Juracán, whose intermediate hearing was suspended and rescheduled for September 2026, prolonging his involvement in the case. For the organizations supporting him, this situation demonstrates the burden imposed by prolonged judicial processes, affecting both the individuals facing prosecution and their human rights defense and public oversight work.
The event has a direct impact on the enabling environment for civil society. While the ruling contributes to strengthening the rule of law and legal certainty, the continuation of lengthy judicial proceedings against actors involved in human rights defense, anti-corruption efforts, and community organizing raises concerns about the misuse of the justice system and its chilling effects on civic participation and the work of civil society organizations.
Persisten patrones de criminalización contra actores de sociedad civil, pese a resoluciones que evidencian irregularidades en procesos judiciales
La Sala Tercera de la Corte de Apelaciones dejó sin efecto las órdenes de captura emitidas contra 23 personas vinculadas al caso denominado Acuerdos Fraudulentos, entre ellas exfiscales del Ministerio Público, la exfiscal general Thelma Aldana y el exjefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Iván Velásquez. La resolución determinó que dichas órdenes excedieron las competencias legales de la Sala, conforme a un criterio previamente señalado por la Corte Suprema de Justicia.
La decisión representa un avance en materia de debido proceso y control de legalidad, al corregir una actuación emitida sin la debida competencia institucional. Sin embargo, no pone fin a los procesos penales contra las personas señaladas, varias de las cuales forman parte de un grupo de exoperadores de justicia y actores vinculados a la lucha contra la corrupción que han enfrentado acciones judiciales en los últimos años. En este contexto, organizaciones de sociedad civil y organismos internacionales han expresado preocupación por el uso indebido del sistema de justicia con fines políticos contra personas defensoras de derechos humanos, exfuncionarios de justicia y otros actores críticos, al considerar que estos casos responden a un contexto más amplio de criminalización.
Estas preocupaciones se reflejan en el proceso penal contra el dirigente campesino Leocadio Juracán, cuya audiencia de etapa intermedia fue suspendida y reprogramada para septiembre de 2026, prolongando su vinculación al caso. Para las organizaciones que lo acompañan, esta situación evidencia un desgaste que afecta tanto a las personas procesadas como a las labores de defensa y fiscalización pública.
El evento tiene un impacto directo en el ambiente habilitante para la sociedad civil. Si bien la resolución contribuye al fortalecimiento del Estado de derecho y la seguridad jurídica, la continuidad de procesos judiciales prolongados contra actores vinculados a la defensa de derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la organización comunitaria mantiene preocupaciones sobre usos indebidos del sistema de justicia y sus efectos inhibidores sobre la participación ciudadana y la labor de las organizaciones de sociedad civil.