Event Summary
On 15 January 2026, Assembly member Camila León, from the ruling party National Democratic Action (ADN), introduced a draft reform to the Comprehensive Organic Criminal Code (COIP) amending Article 396, which addresses misdemeanors related to “expressions of discredit or dishonor.” Although the proposal is framed as a measure to protect freedom of expression, human rights experts and civil society organizations warn that, in practice, it keeps criminal law as an avenue for prosecuting speech on matters of public interest and criticism of public officials, by transferring to judges the authority to determine which expressions may be sanctioned.
The reform could directly affect those engaged in political criticism, citizen oversight, and advocacy work, potentially impacting journalists, media outlets, activists, human rights defenders, and civil society organizations that carry out social oversight, public denunciation, and investigations into the conduct of public officials and authorities. If enacted, the reform would place freedom of expression and the principle of non-criminalization of critical speech about public officials—recognized under constitutional and Inter-American standards—at risk. Maintaining criminal law as a tool to respond to criticism generates a chilling effect on public debate and democratic accountability.
Civil society organizations such as Fundamedios and the Observatory of Civil Liberties of the Citizenship and Development Foundation, as well as specialized legal experts, have warned that the proposal expands judicial discretion and could revive practices of intimidation against the press and critical citizens, weakening civic space and democratic participation.
Asambleísta presenta una propuesta de ley con potenciales efectos negativos a la libertad de expresión
El 15 de enero de 2026, la asambleísta Camila León, del movimiento oficialista Acción Democrática Nacional (ADN), presentó un proyecto de reforma al Código Orgánico Integral Penal (COIP) que modifica el artículo 396, relativo a las contravenciones por “expresiones de descrédito o deshonra”. Aunque el proyecto se presenta como una medida para proteger la libertad de expresión, expertos en derechos humanos y organizaciones civiles advierten que, en la práctica, mantiene abierta la vía penal para juzgar discursos sobre asuntos de interés público y críticas a funcionarios trasladando a un juez la facultad de determinar qué expresiones pueden ser sancionadas.
La reforma podría impactar de manera directa a quienes realizan crítica política, escrutinio ciudadano y trabajo de incidencia, afectando potencialmente a periodistas, medios de comunicación, activistas, defensores de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil que ejercen control social, denuncia pública e investigación sobre la gestión de funcionarios y autoridades. De entrar en vigencia, la reforma pone en riesgo la libertad de expresión y el principio de no criminalización del discurso crítico sobre funcionarios públicos, reconocidos por estándares constitucionales e interamericanos. Mantener el derecho penal como herramienta frente a la crítica genera un efecto inhibidor sobre el debate público y el control democrático.
Organizaciones de la sociedad civil como Fundamedios y el Observatorio de las Libertades Ciudadanas de Fundación Ciudadanía y Desarrollo, y juristas especializados han advertido que la propuesta amplía la discrecionalidad judicial y puede reactivar prácticas de intimidación contra la prensa y la ciudadanía crítica, debilitando el espacio cívico y la participación democrática.