Event Summary
The Colombian Ombudsman’s Office warned that during January 2026, there were 12 incidents of mass forced displacement affecting 3,409 people, with Cauca being the department with the highest number of people affected, followed by Norte de Santander, Magdalena, and Antioquia. In addition, seven incidents of confinement were documented, restricting the mobility of 17,651 people in the country, mainly affecting communities in Caquetá, Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Putumayo and Chocó. The organisation warned of the continuing humanitarian crisis associated with the armed conflict and the need to strengthen the institutional response to assist displaced or confined communities and prevent the overflow of territorial capacities.
In this pre-election context, rural communities: including indigenous peoples, Afro-descendant communities, and peasant communities; have faced severe restrictions on mobility, threats, and armed social control, which not only exacerbates the humanitarian crisis but also limits the exercise of fundamental rights such as citizen participation, social organisation, and access to basic services.
Aumento de los desplazamientos forzados masivos y el confinamiento en ColombiaLa Defensoría del Pueblo de Colombia advirtió que durante enero de 2026 se produjeron 12 incidentes de desplazamiento forzado masivo que afectaron a 3409 personas, siendo Cauca el departamento con mayor número de personas afectadas, seguido de Norte de Santander, Magdalena y Antioquia. Además, se documentaron siete incidentes de confinamiento, que restringieron la movilidad de 17 651 personas en el país, afectando principalmente a comunidades de Caquetá, Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Putumayo y Chocó. La organización alertó sobre la persistencia de la crisis humanitaria asociada al conflicto armado y la necesidad de fortalecer la respuesta institucional para asistir a las comunidades desplazadas o confinadas y evitar el desbordamiento de las capacidades territoriales.En este contexto preelectoral, las comunidades rurales —incluidos los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y las comunidades campesinas— se han enfrentado a severas restricciones a la movilidad, amenazas y control social armado, lo que no solo agrava la crisis humanitaria, sino que también limita el ejercicio de derechos fundamentales como la participación ciudadana, la organización social y el acceso a los servicios básicos.