On 15 and 16 June 2026, the cross-border investigation “Digital Lumberjacks” was released by Concolón Magazine, in partnership with the Latin American Center for Investigative Journalism (CLIP) and six other media outlets in the region.
This work exposes patterns of systematic digital harassment targeting environmental defenders in Panama across platforms such as X, TikTok, and Instagram. According to the report, activists are stigmatised as “public enemies” or “food-hungry,” and are harassed and defamed through fabricated content designed to damage their dignity. The investigation also documents the use of deepfakes and AI-generated profiles to spread conspiracy theories, as well as cases of doxing in which personal data was publicly exposed. Among the attackers, more than one hundred accounts with fictitious identities were identified, operating as fronts for disinformation campaigns, alongside media figures and influencers who coordinate attacks in support of mining interests. The investigation mentions that a group of these accounts invested approximately $60,000 in paid advertising on the Meta platform to spread these narratives.
Such use of narratives that label human rights defenders as “criminals” or “anarchists” can lay the groundwork for unfounded legal proceedings or the closure of democratic spaces, as socially delegitimising defenders makes it easier for state or private actors to use the legal system as a tool of persecution.
Los días 15 y 16 de junio de 2026, la revista Concolón Magazine publicó la investigación transfronteriza «Digital Lumberjacks», en colaboración con el Centro Latinoamericano de Periodismo de Investigación (CLIP) y otros seis medios de comunicación de la región.
Este trabajo pone de manifiesto patrones de acoso digital sistemático dirigidos contra defensores del medio ambiente en Panamá a través de plataformas como X, TikTok e Instagram. Según el informe, a los activistas se les estigmatiza como «enemigos públicos» o «hambrientos», y se les acosa y difama mediante contenidos falsos diseñados para atentar contra su dignidad. La investigación también documenta el uso de deepfakes y perfiles generados por IA para difundir teorías conspirativas, así como casos de doxing en los que se expusieron públicamente datos personales. Entre los agresores se identificaron más de cien cuentas con identidades ficticias, que operaban como tapaderas para campañas de desinformación, junto con figuras de los medios de comunicación e influencers que coordinan ataques en apoyo de los intereses mineros. La investigación menciona que un grupo de estas cuentas invirtió aproximadamente 60 000 dólares en publicidad de pago en la plataforma Meta para difundir estas narrativas.
El uso de narrativas que tildan a los defensores de los derechos humanos de «criminales» o «anarquistas» puede sentar las bases para procedimientos judiciales infundados o el cierre de espacios democráticos, ya que la deslegitimación social de los defensores facilita que los actores estatales o privados utilicen el sistema jurídico como herramienta de persecución.