Last Friday, 23 October 2026, the President made his first public presentation after a court dismissed charges of fraud that had been filed against him and his sister, Karina Milei, for the promotion of a crypto asset on social media. In February 2025, the value of the $LIBRA cryptocurrency skyrocketed after the official release and then plummeted abruptly, affecting thousands of investors.
During his speech to libertarian militants and businessmen, the president accused the press professionals who covered the case of committing a “political and media operation” to promote a “coup d’état through institutional means” and, incorrectly quoting Adam Smith, said that “these journalists” should be burned at the stake.
Hate speech against journalists has been a constant characteristic of Milei’s government since he took office in December 2023. For example, a few days before this statement, the Argentine President directly attacked a local journalist during his tour of Spain, in addition to publicly insulting the Spanish president, which even provoked an official response from the Ministry of Foreign Affairs. The presidential rhetoric and the suggestion of physical violence towards the press in this specific instance not only violate the freedom of expression and freedom of the press but also deteriorate democratic and institutional guarantees.
As a result of these attacks, journalists more generally have to fear legal reprisals, public protest or direct physical aggression, which discourage the investigation into possible acts of official corruption. By resorting to violent metaphors (“burning at the stake”), the presidential discourse breaks a limit and indirectly validates civil violence or the harassment of the named journalists themselves (such as Alconada Mon or Carlos Pagni), turning them into moving targets of aggression on public roads or digital platforms.
The statements are not an isolated outburst, but the institutionalization of a strategy of permanent confrontation and the replacement of public debate with the judicial criminalization of journalism. This escalation of hostile rhetoric from the Executive Branch in Argentina requires a response that combines local legal defense with diplomatic pressure mechanisms.
Milei pidió “quemar en la hoguera” a periodistas que investigaron la participación del mandatario en la estafa de la criptomoneda $Libra
El pasado viernes 23 de octubre, el Presidente realizó su primera exposición pública luego que la justicia dictara el sobreseimiento de la causa que donde se lo imputaba junto a su hermana, Karina Milei, por presunta estafa vinculada a la promoción en redes sociales de un criptoactivo. En febrero de 2025, el valor de la criptomoneda $LIBRA se disparó tras la difusión oficial y luego se desplomó de forma abrupta, afectando a miles de inversores.
Durante su discurso ante militantes libertarios y empresarios, el mandatario cargó contra los profesionales de prensa que dieron cobertura al expediente, acusándolos de cometer una “operación política y mediática” para promover un “golpe de Estado por la vía institucional” y citando “incorrectamente” a Adam Smith, Milei afirmó que a “estos periodistas” debían ser quemados en la hoguera.
Los epítetos de discursos de odio referidos a periodistas es una constante desde la asunción de la presidencia en diciembre de 2023. Pocos días antes de esta declaración, el Presidente argentino había incurrido en agravios directos del mismo tipo en una gira sostenida en España, donde descalificó a una periodista local, además de insultar públicamente a su par español, lo cual suscitó incluso una respuesta oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores. La retórica presidencial y la sugerencia de violencia física hacia la prensa en este caso no solo violan la libertad de expresión y la libertad de prensa, sino que también deterioran las garantías democráticas e institucionales.
El temor a represarías legales, el escrache público o las agresiones físicas directas desincentiva la investigación sobre posibles hechos de corrupción oficial. Al recurrir a metáforas violentas (“quemarse en la hoguera”), el discurso presidencial rompe un límite y valida indirectamente la violencia civil o el acoso de militantes o a los propios periodistas (como Alconada Mon o Carlos Pagni), convirtiéndolos en blancos móviles de agresiones en la vía pública o plataformas digitales.
Estas declaraciones no son un exabrupto aislado, sino la institucionalización de una estrategia de confrontación permanente y el reemplazo del debate público por la criminalización judicial del periodismo. La escalada de la retórica hostil desde el Poder Ejecutivo en Argentina requiere una respuesta que combine la defensa legal local con mecanismos de presión diplomática.